s de que la mitología contemporánea ha caído en la peor de las tentaciones: auto estudiarse. El metadiscurso es el gran método cartesiano de nuestra realidad. Recuerdo que hace unos años, cuando el auge de los blogs fue apabullante y todos los que contaban con Internet en su computadora abrían uno, la teorrea, la especulación y la interpretación sobre el fenómeno fue igual de desconcertante. Pero la historia siempre nos patea el trasero. Todo esto se me ocurrió el domingo pasado, cuando leía en El País una nota sobre el blog de una tal Yoani Sánchez. (Sí, tal vez es noticia vieja, pero no quiero pasar mi comentario al respecto). Y lo único interesante de esta mujer es precisamente que tiene blog. Nada especial: otro blog, como éste, como el tuyo, bloguero precoz y secreto. Como los millones de blogs que existen sobre la plataforma virtual que cada vez más domina al mundo real.Lo interesante de esta cubana nacida en La Habana en 1975 es que ella se sirve de un blog para hacer temblar a una isla. Esa es la diferencia. No es como yo o como tú, lector, que nada nos castiga por escribir pendejadas, por azotarnos ante un público insospechado. No hay un dictador sobre nuestras espaldas vigilando nuestras breves impresiones de la vida. Yoani Sánchez estudió filología. Vivió una temporada en Suiza para luego regresar a Cuba indefinidamente. Desde allí escribe sin ver su blog desde 2007, porque desde que millones de clics comenzaron a sonar en él, el gobierno castrista colocó un candado a toda su red informática para que nadie dentro de la isla pudiera visitarlo. Y aún así Yoani no se ha rendido; escribe. En su “Autobiografía precoz”, publicada hace unos meses en la revista Letras Libres, es soberbia en su inicio:
Hay criaturas mestizas difíciles de clasificar en algún orden y una de esas es mi escritura, a medio camino entre la crónica, el exorcismo personal y el grito. El hipogrifo nacido de estos dos años escribiendo un blog tiene garras reales afincadas en la cotidianidad para extraer las anécdotas que cuelgo en mis posts. Las alas se las brinda la virtualidad, el enorme ciberespacio donde mis textos hacen lo que yo no podría: moverse y expresarse libremente. Al mirar este híbrido, algunos piensan que su cuerpo aleonado se acerca al periodismo, mientras otros lo juzgan como literatura. Yo, que no puedo controlar ya los empujones y arañazos que me lanza el animal, sólo atino a recordar el miedo, para sacudirme el temor escribiendo —precisamente— sobre aquello que más me paralizaba.
Y lo paradójico del blog, símbolo de la libertad de expresión en las democracias occidentales, es que en lugar de ser una plataforma para reformar, proponer y criticar al Estado, se ha convertido en un placebo anestésico para nuestras sociedades. Sólo en un régimen dictatorial y represivo un blog pudo cumplir con una función desestabilizadora. ¿A quién le importan tantos blogs? ¿Quiénes los escriben, personas concretas o sólo un número indeterminado de individuos inoperantes? Recuerdo también el caso de Luther Blisset, el terrorista informático, que jóvenes en Europa y Estados Unidos inventaron para forjar una trinchera contra la globalización y que tuvo auge en los noventas. Surgieron miles de blogs en todos los países con el nombre de Luther Blisset, todos éramos Blisset. Sin embargo, en vez de sacar algo sociológico de este seudónimo multitudinario, lo que se logró desde mi perspectiva fue corroborar la anestesia de los blogs en el mundo. Yoani Sánchez, en cambio, es Yoani Sánchez. Entre todos los millones de blogs que existen, ella es una persona, no un número. Curiosamente, en un Estado donde lo individual queda anulado en pos de lo comunitario. Yoani arriesga su vida con cada posts: “Generación Y es lo más arriesgado que he hecho en mis tres décadas de vida y después de comenzar a escribir en mi bitácora me tiemblan a menudos las piernas”. Tanto que el gobierno, ante la imposibilidad de arrestarla, se fueron contra su marido hace algunos días. Pues cómo desaparecer a una figura pública. Comenta Mauricio Vicent en su nota:
En abril de 2008, Yoani Sánchez obtuvo el Premio Ortega y Gasset de periodismo, concedido por EL PAÍS, en la categoría de trabajo digital. Fue seleccionada por la revista Time entre las 100 personas más influyentes del mundo, en el apartado de Héroes y Pioneros. Generación Y fue elegido en 2009 entre los 25 mejores blogs del mundo, una selección hecha por Time y la cadena norteamericana CNN. Además, en este tiempo Yoani fue distinguida con el máximo galardón de los Premios BOB, así como una mención especial en el prestigioso Premio de periodismo María Moors Cabt, de la Universidad de Columbia. Y múltiples honores más.
Otro dato confirma que Yoani dejó de ser una simple bloguera para convertirse en todo un fenómeno: en septiembre, Generación Y registró 14 millones de entradas, y eso sólo en español, ya que esta bitácora está traducida a 16 lenguas. A mediados de noviembre, las referencias a Sánchez en el buscador Google se acercaban al millón, y su biografía en Wikipedia era casi del mismo tamaño que la de Fidel Castro.



